50 AÑOS DE ANIVERSARIO EVE Y LUISCA

BIENVENIDOS

Bienvenidos a "Una historia de Vida" de la Familia Mendoza Castaño, con motivo del aniversario de Luis Carlos y Evelina.
Será un recorrido a través de estos dos grandes seres y todo lo que en torno a ellos se ha venido gestando.
Tus comentarios son bienvenidos, a la vez que son una invitación a rescatar toda una historia.

Entendiendo la historia es como podremos entendernos a nosotros mismos.

Ricky Ricardo.

CREADORES DEL BLOG EVE Y LUISCA, LUZA, CARLOS MARIO, JORGE ALBERTO, FERCHO, GLORIA , JUAN GUILLERMO, RICARDO


Sunday, February 17, 2008

Eramos felices...no sabíamos más...

Eramos felices … no sabíamos más…
Por, Gloria Eugenia Mendoza Castaño

… Eramos tan felices … Recuerdo los días de domingo, pá, nos despertaba desde muy temprano, aunque en la mayoría de los casos, la ansiedad del paseo que nos ocasionaba palpitaciones en nuestro corazoncito, solo nos permitía pasar la noche en vela, esperando el despertar del alba.

De un brinco, saltábamos de la cama, hacíamos fila para proceder con la ducha, mientras en la cocina se nos preparaba una dulce y calientísima tasa de chocolate cruz, acompañada de una delgadita, tostadita, crujiente y deliciosa arepa hecha de maíz, molida y asada por mamá, que se derretía en mantequilla y quesito.

Má, desde el día anterior se disponía para hacer el fiambre del domingo, cocinaba huevos duros, carne molida, carne frita, unas riquísimas tajaditas de papa y las combinaba con aquellas de maduro, papas cocinadas al vapor bañadas en sal, una olla repleta de arroz recién cocido …. Y no podían faltar los sanduches con mortadela, tomate y mayonesa partidos en mitades y empacados al vacío en la misma bolsa del pan tajado que se nos compraba para tal suceso.

Ummmmmmmmm … todo era tan delicioso hecho por las mágicas manos de mamá, porque todo pan que llega a sus manos se multiplica como un milagro de Dios. Hasta la limonada le quedaba exquisita, envasada en su preferida jarra cuadrada de color rojo, que llevaba puesta una tapa blanca que cubría con un plástico para evitar se derramara y ensuciara el carro de papá.

Salíamos muy temprano en el carro de papá, era para ese entonces un pick-up verde aceituna, el más hermoso y llamativo que podía verse en el barrio, todos lo admiraban por su buen sostenimiento y su propia originalidad. Todos ayudábamos a bajar las cosas para empacarlas en el carro, pues era un segundo piso y había que cargar el fiambre, la jarra de la limonada que pesaba toneladas, los sacos para el frío, las raquetas, el frisbie, los cojines para sentarnos en el volco y hasta las dos puertas de hierro pintadas de negro que pesaban más que la vida misma y que pá solía ponerle al pick-up cuando íbamos de paseo, para evitar que de un brinco fuéramos a parar al pavimento.

Llegábamos a nuestra finca: siempre nos decía papá … pero antes pasábamos el túnel de guarne, y pá y má nos hacían una gran fiesta antes de sumergirnos en él. Era el fenómenos más grande de la naturaleza, y era para nosotros la mas maravillosa experiencia; pá prendía las luces altas de su carro y pitaba todo el tiempo, mientras atrás, nosotros sus polluelos … armábamos la trifulca con una algarabía de espanto y miedo, se nos quería salir el corazón de la alegría y a la vez nos asaltaba el miedo de sabernos adentro de aquella inmensa oscuridad … y má mirando por la ventanilla que daba hacia nosotros se sentía más feliz que todos juntos, asomaba su carita de ángel para sorprendernos en semejante alegoría y de un guiño pícaro aprobaba tal desorden y de reojo le contaba a papá que siempre se perdía de vernos aquellas volteretas, porque el ir manejando le impedía mirar hacia nosotros, pero tampoco se disipaba de soltar sus carcajadas … los dos eran tan felices viendo reir a sus muchachos y nosotros mucho más …

Era increíble … como premio a nuestra risa, má nos pasaba a través de la ventanilla de su puesto estirando la mano para quien de nosotros pudiera alcanzarla y recibirle unas deliciosas galletitas dulces o confites que compensaban aquel susto acabado de pasar.

El carro solía dejarlo pá al borde de la carretera y todos saltábamos la cerca para entrar a la finca, nuestra finca …

… a bajar las cosas del pick-up se dijo, hasta el mantel de cuadros y la canasta con los platos y cucharas que llevaba mamá para servir el fiambre a la hora de comer.

El lugar era tan hermoso, parecía un bosque encantado, muy lleno de árboles que nos regalaban su sombra en primavera con un olor a pino que lo hacía más asombroso todavía. Buscábamos siempre situarnos debajo de aquel, el mas frondoso, pues el sol era radiante y teníamos que estar bajo la sombra para evitar que nos quemara y siempre regresábamos al caer la tarde, no sin antes haber visto aquellas fascinantes puestas de sol y esperando por primera vez, el arco iris que aún no conocíamos.

Pá del otro lado … se rebuscaba aquél árbol adecuado para hacernos el ”culumpio” con una gruesa y larga zoga que siempre guardaba detrás del asiento del pick-up. Nos acomodaba los cojines en la zoga, de tal forma que quedara como asiento para que nuestro trasero pudiera resistir a sus dolencias y luego elevaba nuestros cuerpecitos livianos, empujándonos hasta el cielo en medio de risas, gritos y llantos. Volábamos tan alto que parecía por un instante, íbamos a alcanzar aquel brillante sol con nuestras manos, aquel que nos miraba y que también se carcajeaba al ver semejantes alborotos.

Jugábamos con la pelota, al bambintong, al platillo volador rojo (que anteriormente habia servido de plato), al juego de la chucha y hasta las escondidijas …. Era tan inmensa y tan hermosa nuestra finca, que nos quedábamos perdidos en la belleza de lo verde, mientras … el otro se cansaba de contar y de contar y de buscarnos sin hallarnos …

Lo peor venía cuando pá saltaba de improviso para gritarnos a todos que nos íbamos. El paseo ya había terminado y nada podíamos hacer para convencerlo que cambiara su deseo … todos … por orden de papá, con las caritas largas y las manitos sucias emprendíamos carrera para ayudarle a má, pues era su mandato recoger todas las cosas para subirlas al pick-up.

Aún con la tristeza a cuestas, pues el viaje había concluido, no perdíamos el impulso de otra ilusión marcada por la infancia … pues se prolongaba el último sueño de regreso. Sabíamos bien, nos esperaba otra vez el paso de vuelta por el negro túnel, aquel tramo oscuro, largo e interminable, lleno de fantasías y esperanzas, esperando volver a verlo solo hasta el próximo domingo.