50 AÑOS DE ANIVERSARIO EVE Y LUISCA

BIENVENIDOS

Bienvenidos a "Una historia de Vida" de la Familia Mendoza Castaño, con motivo del aniversario de Luis Carlos y Evelina.
Será un recorrido a través de estos dos grandes seres y todo lo que en torno a ellos se ha venido gestando.
Tus comentarios son bienvenidos, a la vez que son una invitación a rescatar toda una historia.

Entendiendo la historia es como podremos entendernos a nosotros mismos.

Ricky Ricardo.

CREADORES DEL BLOG EVE Y LUISCA, LUZA, CARLOS MARIO, JORGE ALBERTO, FERCHO, GLORIA , JUAN GUILLERMO, RICARDO


Wednesday, March 26, 2008

PALABRAS DE PA Y MA A TODOS LOS HIJOS E HIJAS, FAMILIARES Y AMIGOS/AS

"AGRADECIMIENTOS"

En estos cincuenta (50) años de nuestro matrimonio, hemos estado dia a dia acompañados por nuestro Dios y nuestra madre María Santísima, que han caminado siempre a nuestro lado y nos han ayudado en todas esas dificultades que nunca faltaron, aquellas que nos enseñaron a crecer y que por ELLOS, pudimos superarlas.
Hoy elevamos nuestro corazón y nuestras oraciones en acción de gracias y por nuestros hijos, y por todos Ustedes familiares y amigos que con su cariño y amistad, compartieron nuestra vida y nuestras luchas, y más aún, nos acompañaron con su alegría en esta celebración de nuestro aniversario; en este momento tan maravilloso de nuestra exisitencia: Dios les pague.
A Luz Amparo, a Carlos Mario, a Jorge Alberto, Luis Fernando, Gloria, Juan Guillermo, a Ricardo, a Diana y a nuestros dos nietecitos Daniel y Tomas, un reconocimiento sincero y profundo desde lo más hondo de nuestra alma, por este grandioso homenaje.
Nos dieron su amor y su alegría a plenitud, nos hicieron los padres mas felices del mundo, nos llenaron de felicidad y de vida y de ánimos para seguir adelante ....
sencillamente bellísimo. Y nos quedamos extasiados como en un sueño, como en un ratico de cielo en la tierra.
Gracias queridos hijos.
Gracias hijos por vuestra grandeza de alma, por tanto amor, por la alegría, la dedicación, el empeño, el ánimo, el compromiso serio y alegre en este cincuentavo aniversario.

Los amamos con todo el corazón: Pá y Má.

Monday, March 24, 2008

DIA INOLVIDABLE

Día Inolvidable
Por Luza Mendoza
¿Qué son dos soles gigantes gigantes? Pues si, estamos en presencia de dos soles gigantes, Papá y Mamá son y han sido dos soles resplandecientes de sabiduría y de bondad, de laboriosidad, de amor, de entrega incansable, de paciencia, FORJADORES DE SUEÑOS.
PA, pescador, músico, mecánico, eléctrico, cocinero, amigo, esposo, padre, hermano, hijo; sencillo, creativo, curioso, sensible, aventurero, respetuoso, cantante, trabajador, único, servicial, generoso, bondadoso.
MA, amiga, costurera, hermana, cocinera, alegre, sencilla, presta, diligente, mamá, esposa, hija, aventurera, soñadora, piadosa, creativa, generosa, servicial, bondadosa, incansable.
Indiscutiblemente, dos SOLES DE BELLEZA.
Un día un rayo de luz iluminado de amor, en la forma de Cupido enamorado, se posó en los corazones de Ma y Pa . Acertó de tal manera que ellos aún sin saberlo, quedarían embrujados para siempre. Y ¨SIEMPRE¨, puede ser un minuto o un año, pero sí que podemos decir, con Pa y Ma, que SIEMPRE es una eternidad continua por 50 años: toda una vida.
Y toda una vida como relojeros del tiempo, tejiendo en filigrana una historia de amor, de un amor que es un acto de decisión y voluntad para caminar juntos codo a codo sorteando la adversidad y el genio; ahí, jugándose la vida, apostando a construir la felicidad.
Un dia 16 de marzo de 1957, enamorados ya, flechados, Pa como poeta enamorado dijo a Ma:
“EVELINA: EXTASIADO EN LA CIMA DE MI ENSUEÑO VISLUMBRO TU SILUETA TRANSFORMADA
EN HONDAS DE ARCHIPIELAGO RISUEÑO.
LA LUNA, CON SU LUZ EN LLAMARADA
ILUMINA TU CARA SONROSADA
NINFA QUE A TU CANDOR DONÓ SU EMPEÑO, ACRECENTANDO EN TI MI AMOR, AMADA.”
Tanto amor tiene hoy que festejarse y compartirse, porque asi tiene que ser el amor, como el pescador, paciente; como la costurera, creativa; como la vendimia, una cosecha con sus cosecheros, una cosecha que se besa y se disfruta sagradamente, y se comparte.
Nosotros los hijos somos las uvas de tan inmenso y único amor, como inmensos y únicos son Pa y Ma. Nosotros nos postramos hoy repletos de gratitud ante estos dos grandiosos seres que nos dieron una vez la vida; somos los retoños de este amor que no se agota sino que florece cada día más; pero no sólo nos dieron una vez la vida, sino que nos la han dado a lo largo y ancho de todos estos años y nos la siguen dando hoy, porque nosotros como hijos con ellos hemos construido nuestras vidas, con su apoyo, con su compañia, con su confianza, con su generosidad, con su sabiduría, con su paciencia, con su amor.
Gracias a ellos, Pa y Ma, nuestros adorables, hermosos y tesos Pa y Ma.
Y gracias tambien a este puñado de seres tan hermosos que hoy nos acompañan, que están con nosotros aquí en este día incomparable y memorable, que lo inventamos y lo construimos justo para hacer también un reconocimiento muy especial a cada uno de ustedes, presentes y ausentes, y expresarles nuestra gratitud por ser los cómplices y celestinos de este gran amor.
Cada uno de ustedes, seres tan maravillosos como son, entraron un día, por azar o por destino, a hacer parte de esta ruleta de la existencia que emprendieron alguna vez, hace un poco más de 50 años, Pa y Ma, ante el guiño de una mirada y el rasgado de una guitarra.
Carlos Mario, Jorge Alberto, Luis Fernando, Gloria, Juan Guillermo, Ricardo León y yo, Luz Amparo, por orden de aparición y lista de reparto en este mundo, los AMAMOS.
Y para finalizar queremos decirles a PAPÁ y a MAMÁ, que son los dos seres más EXTRAORDINARIOS Y DE BELLEZA MÁS SUBLIME que hemos conocido, de quienes nos sentimos PROFUNDAMENTE ORGULLOSOS, A QUIENES EXPRESAMOS HOY NUESTRA MÁS ENTRAÑABLE GRATITUD Y A QUIENES AMAMOS Y AMAREMOS HASTA SIEMPRE.

Tuesday, February 26, 2008

!FELICES 50!

¡FELICES 50¡
A LUIS CARLOS Y EVELINA
Por: ALBERTO MONTOYA Y GILMA ALZATE
Quien podría imaginar que al rededor de un café, esa mágica, familiar y entrañable bebida, imprescindible en nuestros hogares colombianos, en fábricas, en sitios tanto públicos como privados, pudiese construirse una relación de pareja estable y duradera, vínculo ejemplar en donde la fe, la tolerancia, la ternura y el amor, contrastan con las uniones efímeras que hoy con tristeza vemos a nuestro alrededor.
Aunque se dice que “la constancia vence lo que la dicha no alcanza”, hoy objetamos este popular adagio al constatar en esta bella pareja no sólo la constancia, sino también la dicha y la felicidad, que sin lugar a dudas han sido los pilares que han sostenido el santo sacramento del matrimonio de don Luis Carlos y doña Evelina durante 50 años.
Luis Carlos y Evelina, dos seres respetados, admirados y queridos no sólo por sus hijos, resultado de su maravillosa obra creadora, sino también por familiares y amigos y por todos aquellos que hemos tenido la fortuna de estar cerca de ellos para dar certeza de esa correspondencia espiritual, de esa humildad, de esa paz que se refleja en sus rostros después de tantos años de mutua compañía.
Evelina, ingenua, tierna, de mirada sincera, tímida pero a la vez osada, toda una maja antioqueña, de inmenso corazón y de humildad inigualable. Luis Carlos, de estirpe montañera, fiel representante de la raza antioqueña, airoso, gallardo, cordial, caballero y complaciente, quien no dudó un solo instante, hace 52 años, en hacer alarde de su vena musical para ofrecer serenata a esa preciosa mujer que apenas conocía, quien con rubor en sus mejillas quiso sentirse atendida por aquel apuesto joven, que muy seguramente presentía en lo más profundo de su alma que aquella tierna dama se convertiría con el correr del tiempo en el amor de su vida.
“Sólo el amor puede proporcionarnos en el mundo algunas horas de alegría”, asevera Silvio Villegas en su “Canción del Caminante”, y Evelina y Luis Carlos, han sido testigos de horas enteras de felicidad y conscientes de que el poder, la riqueza y la gloria, nada valen sino cuando podemos compartir sus beneficios con la persona amada, porque es ella la dorada luz que da vida y calor a todas las cosas.
¡FELICES BODAS DE ORO¡
. DIOS LES BENDIGA Y LES TENGA UNIDOS CON SALUD Y ALEGRÍA POR MUCHOS AÑOS MÁS

Sunday, February 17, 2008

Eramos felices...no sabíamos más...

Eramos felices … no sabíamos más…
Por, Gloria Eugenia Mendoza Castaño

… Eramos tan felices … Recuerdo los días de domingo, pá, nos despertaba desde muy temprano, aunque en la mayoría de los casos, la ansiedad del paseo que nos ocasionaba palpitaciones en nuestro corazoncito, solo nos permitía pasar la noche en vela, esperando el despertar del alba.

De un brinco, saltábamos de la cama, hacíamos fila para proceder con la ducha, mientras en la cocina se nos preparaba una dulce y calientísima tasa de chocolate cruz, acompañada de una delgadita, tostadita, crujiente y deliciosa arepa hecha de maíz, molida y asada por mamá, que se derretía en mantequilla y quesito.

Má, desde el día anterior se disponía para hacer el fiambre del domingo, cocinaba huevos duros, carne molida, carne frita, unas riquísimas tajaditas de papa y las combinaba con aquellas de maduro, papas cocinadas al vapor bañadas en sal, una olla repleta de arroz recién cocido …. Y no podían faltar los sanduches con mortadela, tomate y mayonesa partidos en mitades y empacados al vacío en la misma bolsa del pan tajado que se nos compraba para tal suceso.

Ummmmmmmmm … todo era tan delicioso hecho por las mágicas manos de mamá, porque todo pan que llega a sus manos se multiplica como un milagro de Dios. Hasta la limonada le quedaba exquisita, envasada en su preferida jarra cuadrada de color rojo, que llevaba puesta una tapa blanca que cubría con un plástico para evitar se derramara y ensuciara el carro de papá.

Salíamos muy temprano en el carro de papá, era para ese entonces un pick-up verde aceituna, el más hermoso y llamativo que podía verse en el barrio, todos lo admiraban por su buen sostenimiento y su propia originalidad. Todos ayudábamos a bajar las cosas para empacarlas en el carro, pues era un segundo piso y había que cargar el fiambre, la jarra de la limonada que pesaba toneladas, los sacos para el frío, las raquetas, el frisbie, los cojines para sentarnos en el volco y hasta las dos puertas de hierro pintadas de negro que pesaban más que la vida misma y que pá solía ponerle al pick-up cuando íbamos de paseo, para evitar que de un brinco fuéramos a parar al pavimento.

Llegábamos a nuestra finca: siempre nos decía papá … pero antes pasábamos el túnel de guarne, y pá y má nos hacían una gran fiesta antes de sumergirnos en él. Era el fenómenos más grande de la naturaleza, y era para nosotros la mas maravillosa experiencia; pá prendía las luces altas de su carro y pitaba todo el tiempo, mientras atrás, nosotros sus polluelos … armábamos la trifulca con una algarabía de espanto y miedo, se nos quería salir el corazón de la alegría y a la vez nos asaltaba el miedo de sabernos adentro de aquella inmensa oscuridad … y má mirando por la ventanilla que daba hacia nosotros se sentía más feliz que todos juntos, asomaba su carita de ángel para sorprendernos en semejante alegoría y de un guiño pícaro aprobaba tal desorden y de reojo le contaba a papá que siempre se perdía de vernos aquellas volteretas, porque el ir manejando le impedía mirar hacia nosotros, pero tampoco se disipaba de soltar sus carcajadas … los dos eran tan felices viendo reir a sus muchachos y nosotros mucho más …

Era increíble … como premio a nuestra risa, má nos pasaba a través de la ventanilla de su puesto estirando la mano para quien de nosotros pudiera alcanzarla y recibirle unas deliciosas galletitas dulces o confites que compensaban aquel susto acabado de pasar.

El carro solía dejarlo pá al borde de la carretera y todos saltábamos la cerca para entrar a la finca, nuestra finca …

… a bajar las cosas del pick-up se dijo, hasta el mantel de cuadros y la canasta con los platos y cucharas que llevaba mamá para servir el fiambre a la hora de comer.

El lugar era tan hermoso, parecía un bosque encantado, muy lleno de árboles que nos regalaban su sombra en primavera con un olor a pino que lo hacía más asombroso todavía. Buscábamos siempre situarnos debajo de aquel, el mas frondoso, pues el sol era radiante y teníamos que estar bajo la sombra para evitar que nos quemara y siempre regresábamos al caer la tarde, no sin antes haber visto aquellas fascinantes puestas de sol y esperando por primera vez, el arco iris que aún no conocíamos.

Pá del otro lado … se rebuscaba aquél árbol adecuado para hacernos el ”culumpio” con una gruesa y larga zoga que siempre guardaba detrás del asiento del pick-up. Nos acomodaba los cojines en la zoga, de tal forma que quedara como asiento para que nuestro trasero pudiera resistir a sus dolencias y luego elevaba nuestros cuerpecitos livianos, empujándonos hasta el cielo en medio de risas, gritos y llantos. Volábamos tan alto que parecía por un instante, íbamos a alcanzar aquel brillante sol con nuestras manos, aquel que nos miraba y que también se carcajeaba al ver semejantes alborotos.

Jugábamos con la pelota, al bambintong, al platillo volador rojo (que anteriormente habia servido de plato), al juego de la chucha y hasta las escondidijas …. Era tan inmensa y tan hermosa nuestra finca, que nos quedábamos perdidos en la belleza de lo verde, mientras … el otro se cansaba de contar y de contar y de buscarnos sin hallarnos …

Lo peor venía cuando pá saltaba de improviso para gritarnos a todos que nos íbamos. El paseo ya había terminado y nada podíamos hacer para convencerlo que cambiara su deseo … todos … por orden de papá, con las caritas largas y las manitos sucias emprendíamos carrera para ayudarle a má, pues era su mandato recoger todas las cosas para subirlas al pick-up.

Aún con la tristeza a cuestas, pues el viaje había concluido, no perdíamos el impulso de otra ilusión marcada por la infancia … pues se prolongaba el último sueño de regreso. Sabíamos bien, nos esperaba otra vez el paso de vuelta por el negro túnel, aquel tramo oscuro, largo e interminable, lleno de fantasías y esperanzas, esperando volver a verlo solo hasta el próximo domingo.

Saturday, February 16, 2008

Thursday, January 31, 2008

COMO SE CONOCIERON LUISCA Y EVE

COMO SE CONOCIERON LUIS CARLOS Y EVELINA.
Recopilado por Jorge Alberto Mendoza
Datos suministrados directamente de Luisca y Eve

Evelina y Luis Carlos trabajaban en el edificio del Palacio Nacional, ella como secretaria del jefe de telégrafos, Antonio Cardona Valencia, y él en la oficina de telegrafistas, como telegrafista.

Las dos oficinas en las que ambos trabajaban estaban ubicadas en el quinto piso, una en frente de la otra.

Había también en este piso una cafetería que, más que una cafetería - no había sillas ni mesas - era una ventanita a través de la cual el tendero, Pastor, ofrecía los productos de la tienda: cigarrillos, gaseosas, tintos, pericos, cositas de sal, porque en esa época no había papitas, ni rosquitas, ni esos mecatos empacados que se consiguen ahora.

Todos iban a la tienda de Pastor a la hora del descanso, los empleados de telégrafos y hasta los abogados, pues los juzgados allí funcionaban. Se tomaba tinto, se fumaban cigarros, o se comía algo para resistir la jornada, y obviamente se tertuliaba.

Un día del año 1956, en horas de la mañana, Evelina fue a la cafetería de Pastor con Laura Uribe y Alicia Palacio, compañeras de la oficina del archivo.

Estando allí de pie y tomando perico, en frente de las barandas que miran al vacío, llegó Luis Carlos.

Laura, Alicia y Luis Carlos eran buenos amigos, entonces se saludan y Laura le dice a Luis Carlos “¿Por qué has dejado la Guitarra?, no has vuelto a darnos serenatas, ni has vuelto a parrandiar con nosotras. ¿Por qué no dejás la moto y volvés a coger la guitarra?”
A lo cual responde Luis Carlos: “pero para qué si no tengo a quien llevarle serenatas”.

A lo que Evelina inmediatamente e ingenuamente y sin pensarlo, responde: “Ah pues me las lleva todas a mi”.

Él muy entusiasta dijo; “Si claro, como no, déme su dirección”

Fue así entonces como esa misma noche, Luis Carlos, fue a buscar la dirección pero no la halló.

Al día siguiente Luis Carlos y Evelina se vuelven a encontrar donde Pastor.
Él le dice: “pero usted me está envolatando, me dió la dirección errada”
A lo que ella responde: “¿cómo que está mala la dirección?, esa que le dí, esa es”

Fue así que no tardó en llegar la visita de él a la casa donde ella vivía, pues para constatar la dirección.

Serenatas tras serenatas se sucedieron en las noches de los dos años venideros que duró el noviazgo. De casados también, y por muchos años, las serenatas no faltaron.
De alguna tengo un vago recuerdo.

Saturday, January 26, 2008

DICIEMBRE MAGICO

DICIEMBRE MAGICO
Por Juan Guillermo Mendoza Castaño

Luces, pólvora, música, dulces, deslizadas sobre cartón en el "morro", comidita de papas semicrudas empapadas de aceite, escondites en el "chuzmero"... y hasta una hora más de juego de cuando en vez que autorizaba mamá con un grito desde el balcón de la casa después de muchas súplicas. Así transcurría el tiempo de vacaciones que nos daban en la escuela a fin de año mientras se acercaba el inicio de las "Novenas de Aguinaldo" donde Tina y Pepita. Un pesebre grande con olor a musgo fresco, con muchas figuras, bombillitos de colores y una estrella refulgente daba paso a la navidad.

Leyendo a media marcha las "Aspiraciones" nos moríamos de la risa con "niño tan pechocho", "la oveja bizca" y "el cordero menso"... risa que tratábamos de tragar con esfuerzo o que sujetábamos entre los dedos cuando daba asomo el ceño fruncido, el seseo o el dedo en la boca de cualquier adulto presente indicando silencio.

Lo mejor de todo eran los confites y galletas repartidas al final, o el mayor y más apetitoso bocado compuesto por manjar blanco, hojuelas y dulce de brevas que "engullíamos" de un solo tirón para seguir jugando y que se dejaba para el 24 como signo de fiesta y algazara. Ese día, el día más importante por el nacimiento del Niño Dios, elevábamos globos hermosos elaborados por los chicos más grandes, cada uno tomaba de una punta pero ni eso servía para protegerlos de tan cruel final, era una fortuna que no se quemaran, de cinco tal vez se salvaba uno y ese se llevaba todos los honores y aplausos.

Papá escondía el Niño Jesús varias veces en la noche envuelto en uno o dos billetes máximo y a buscar se dijo. Los más pequeñitos nunca lo encontrábamos pero esperábamos con locura verlo en vivo y cerquitica cuando trajera nuestro regalo que eso sí... nunca coincidía con lo que le pedíamos. -Que Niño tan distraído, no escuchó nuestras peticiones, sería el mal comportamiento o por reírnos en las novenas, - tal vez por eso - ... en todo caso nos acostábamos con el firme propósito de "cogerlo con las manos en la masa", de sorprenderlo "chiquitito", en forma de ángel o humo blanco, entrando por la ranura de la puerta, por el techo o por alguna de las ventanas; pero siempre nos vencía el sueño y el único rastro de que había estado de visita era "el traído" que mágicamente aparecía envuelto en la cabecera de la cama o debajo de la almohada. No era como el regalo de otros niños...No!, y sí que comparábamos y mucho pensábamos pero igual lo disfrutábamos: carros de plástico, patines expandibles, muñecas monísimas de cachetes colorados, estralandias y hasta la acostumbrada "pinta nueva".

Aunque nunca lo vimos ni atrapamos, pudimos enterarnos, unos más pronto, otros al ocaso, que el Niño Jesús que cada año esperábamos con impaciente anhelo era el más bello, tierno, grandioso, pícaro, dulce, maravilloso y generoso Niño Jesús que jamás se haya conocido: eran PAPA y MAMA.

Sunday, January 20, 2008

PROHIBIDO HACER RUIDO

Por Luz Amparo Mendoza

Éramos demasiado pequeños y todo nos lo creíamos.

Esperábamos con inquietud las tardes para poder saborear las ricas tortas que nuestra madre preparaba con tanto sigilo, en aquel molde de aluminio que parecía un crisantemo repleto de pétalos.

Un trozo grande de torta con leche, y ese sabor húmedo y dulce que se derretía deliciosamente en la boca al encuentro de las pasas y la cubierta tostadita que siempre dejábamos para el final, se convertía casi siempre en un ritual inaplazable.

Y cómo no recordar las manos gruesas y pequeñas de mamá pintadas de muchos lunares, sumergidas en una olla grande amasando aquel cubo de mantequilla que se iba volviendo granulosito con el azúcar y la vainilla mientras se resbalaba entre los dedos, para luego hacerlas girar prodigiosamente hasta que casi por arte de magia, aquellos ingredientes de formas y texturas y colores tan variados se convertían en abundante crema, suavecita, tanto, que era imposible resistir meter el dedo en la olla y hurtar lo que su velocidad pudiera evitar la pupila.

Después de engrasado el crisantemo, la cremocita masa, inevitablemente, iría a caer allí como cataratas que se doblan una sobre otra con la esperanza de duplicar su estatura en la boca del dragón que la espera con su fuego. No faltaba quien se peleara la olla o los dedos de mamá para no dejar huella alguna de la rica mezcla. Duplicar su estatura exigía evitar hablar, hacer ruido, correr o escuchar música, mientras la torta permaneaciera en el horno, y así, un trozo más grande podríamos comer.

Asomarse a la ventanita del horno era una tentación, y el aroma que de allí se desprendía embriagaba de tal manera el ambiente, que una y otra vez éramos regañados por la algarabía, la cual nos prohibían hacer y terminábamos cuchicheando y caminando en puntas de pies para que la torta pudiera crecer. Éramos demasiado pequeños y todo nos lo creíamos.

Cuando la torta salía de la boca del dragón, había cumplido su misión: cocinarse y subir muy alto, lista para el paladar. Con cuánta ansia esperábamos este momento!!! Cuánto tiempo tenía que transcurrir...y tan lento que pasaba. Después de introducir hasta el fondo el cuchillo, método acostumbrado para probar el éxito de la misión, si no salía untado y quedaba como un espejo, ya estaba lista.

Para nuestra sorpresa y decepción, inútil había sido guardar silencio durante una hora y media o dos porque la torta siempre tenía un final igual: como capa téctonica en grietas que simulaban abismos se hundía. Las preguntas no faltaban: ¿pero...qué pasaría...? A lo sumo el polvo royal estaba pasado. ¿Pero por qué se asentó? Hasta llegábamos a pensar que hubo de ser fatal meterle los dedos.

Y así asentada y todo y sin el pedazo tan grande que habíamos soñado, nos comíamos con las ganas disueltas en la saliva la rica torta de mamá, torta para la que habíamos guardado silencio mucho más largo que el silencio que acompaña a la “Diana”.

Friday, January 18, 2008

Luz Amparo Mendoza Castaño

Luz Amparo nace el 29 de Abril de 1959











Carlos Mario Mendoza Castaño

Carlos Mario nace el 16 de Mayo de 1960



























Jorge Alberto Mendoza Castaño

Jorge Alberto nace el 17 de Enero de 1962





Luis Fernando Mendoza Castaño

Fercho nace el 16 de Febrero de 1963









Gloria Eugenia Mendoza Castaño

Gloria Eugenia nace el 30 de Octubre de 1964