¡FELICES 50¡
A LUIS CARLOS Y EVELINA
Por: ALBERTO MONTOYA Y GILMA ALZATE
Quien podría imaginar que al rededor de un café, esa mágica, familiar y entrañable bebida, imprescindible en nuestros hogares colombianos, en fábricas, en sitios tanto públicos como privados, pudiese construirse una relación de pareja estable y duradera, vínculo ejemplar en donde la fe, la tolerancia, la ternura y el amor, contrastan con las uniones efímeras que hoy con tristeza vemos a nuestro alrededor.
Aunque se dice que “la constancia vence lo que la dicha no alcanza”, hoy objetamos este popular adagio al constatar en esta bella pareja no sólo la constancia, sino también la dicha y la felicidad, que sin lugar a dudas han sido los pilares que han sostenido el santo sacramento del matrimonio de don Luis Carlos y doña Evelina durante 50 años.
Luis Carlos y Evelina, dos seres respetados, admirados y queridos no sólo por sus hijos, resultado de su maravillosa obra creadora, sino también por familiares y amigos y por todos aquellos que hemos tenido la fortuna de estar cerca de ellos para dar certeza de esa correspondencia espiritual, de esa humildad, de esa paz que se refleja en sus rostros después de tantos años de mutua compañía.
Evelina, ingenua, tierna, de mirada sincera, tímida pero a la vez osada, toda una maja antioqueña, de inmenso corazón y de humildad inigualable. Luis Carlos, de estirpe montañera, fiel representante de la raza antioqueña, airoso, gallardo, cordial, caballero y complaciente, quien no dudó un solo instante, hace 52 años, en hacer alarde de su vena musical para ofrecer serenata a esa preciosa mujer que apenas conocía, quien con rubor en sus mejillas quiso sentirse atendida por aquel apuesto joven, que muy seguramente presentía en lo más profundo de su alma que aquella tierna dama se convertiría con el correr del tiempo en el amor de su vida.
“Sólo el amor puede proporcionarnos en el mundo algunas horas de alegría”, asevera Silvio Villegas en su “Canción del Caminante”, y Evelina y Luis Carlos, han sido testigos de horas enteras de felicidad y conscientes de que el poder, la riqueza y la gloria, nada valen sino cuando podemos compartir sus beneficios con la persona amada, porque es ella la dorada luz que da vida y calor a todas las cosas.
¡FELICES BODAS DE ORO¡
. DIOS LES BENDIGA Y LES TENGA UNIDOS CON SALUD Y ALEGRÍA POR MUCHOS AÑOS MÁS
A LUIS CARLOS Y EVELINA
Por: ALBERTO MONTOYA Y GILMA ALZATE
Quien podría imaginar que al rededor de un café, esa mágica, familiar y entrañable bebida, imprescindible en nuestros hogares colombianos, en fábricas, en sitios tanto públicos como privados, pudiese construirse una relación de pareja estable y duradera, vínculo ejemplar en donde la fe, la tolerancia, la ternura y el amor, contrastan con las uniones efímeras que hoy con tristeza vemos a nuestro alrededor.
Aunque se dice que “la constancia vence lo que la dicha no alcanza”, hoy objetamos este popular adagio al constatar en esta bella pareja no sólo la constancia, sino también la dicha y la felicidad, que sin lugar a dudas han sido los pilares que han sostenido el santo sacramento del matrimonio de don Luis Carlos y doña Evelina durante 50 años.
Luis Carlos y Evelina, dos seres respetados, admirados y queridos no sólo por sus hijos, resultado de su maravillosa obra creadora, sino también por familiares y amigos y por todos aquellos que hemos tenido la fortuna de estar cerca de ellos para dar certeza de esa correspondencia espiritual, de esa humildad, de esa paz que se refleja en sus rostros después de tantos años de mutua compañía.
Evelina, ingenua, tierna, de mirada sincera, tímida pero a la vez osada, toda una maja antioqueña, de inmenso corazón y de humildad inigualable. Luis Carlos, de estirpe montañera, fiel representante de la raza antioqueña, airoso, gallardo, cordial, caballero y complaciente, quien no dudó un solo instante, hace 52 años, en hacer alarde de su vena musical para ofrecer serenata a esa preciosa mujer que apenas conocía, quien con rubor en sus mejillas quiso sentirse atendida por aquel apuesto joven, que muy seguramente presentía en lo más profundo de su alma que aquella tierna dama se convertiría con el correr del tiempo en el amor de su vida.
“Sólo el amor puede proporcionarnos en el mundo algunas horas de alegría”, asevera Silvio Villegas en su “Canción del Caminante”, y Evelina y Luis Carlos, han sido testigos de horas enteras de felicidad y conscientes de que el poder, la riqueza y la gloria, nada valen sino cuando podemos compartir sus beneficios con la persona amada, porque es ella la dorada luz que da vida y calor a todas las cosas.
¡FELICES BODAS DE ORO¡
. DIOS LES BENDIGA Y LES TENGA UNIDOS CON SALUD Y ALEGRÍA POR MUCHOS AÑOS MÁS

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